Cómo funciona
1 · Pensiones y demografía
Las pensiones se pagan cada mes con las cotizaciones y con una transferencia del Estado. Suponen casi tres de cada diez euros del gasto público de 2024. Los gobiernos las han garantizado ajustando lo demás, salvo en la crisis. En 2011 se congelaron, salvo las mínimas y las no contributivas. En 2017 subieron un 0,25% con los precios al alza, el mínimo del índice que había creado la reforma de 2013 (capítulo 4.2, sobre el gasto público). Las cobran más de nueve millones de pensionistas, y un recorte a quien ya cobra se nota al mes siguiente (capítulo 7.1, sobre pensiones). Lo que está en juego es quién paga la demografía. Esa pregunta ya tiene una respuesta parcial.
Las reformas de 2021 y 2023 protegieron a los pensionistas con la revalorización por el índice de precios de consumo (IPC). A los cotizantes les cargaron un recargo que crece hasta 2029 y una cuota sobre los salarios altos. Y al contribuyente le tocó la transferencia anual del Estado a la Seguridad Social. En 2025 fue de 47.815 millones y en 2026 rondaría los cincuenta mil millones. Es cerca del 3% del producto interior bruto (PIB), el valor de todo lo que produce el país en un año.
El número que resume el problema es la relación entre quien cotiza y quien cobra. En septiembre de 2026 había 2,5 cotizantes por pensionista, el nivel más alto desde 2011.4 La Comisión Europea prevé en torno a 1,5 en 2050. El gasto en pensiones es en 2026 un 13% del PIB. Con esa caída subirá hasta cuatro puntos en el año de más gasto, 2050, según las proyecciones europeas.5 Decide el Estado, con la Ley General de la Seguridad Social y el Pacto de Toledo como método. La Unión pone límites, con sus reglas fiscales, a cuánto de ese gasto cabe.
Para una parte del debate, el sistema de pensiones está ajustado y el resto es empleo. Si trabaja más gente y cotiza por más, la cuenta sale. Para la otra, la cuenta se ha cargado sobre los que ahora tienen treinta años. Cotizarán más y cobrarán menos que sus padres. Según ella, la única variable honesta que queda es la edad de jubilación.
Las fechas son tres. En 2027 la edad legal llega a los sesenta y siete años. En 2028 la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) vuelve a medir el gasto. Si el gasto medio previsto supera el límite que fijó la reforma de 2023, el Gobierno tiene que proponer una ley. Si esta no entra en vigor, el recargo sube. En 2029 el recargo de las cotizaciones llega al 1,2%.
Sin fecha, cuentan la edad real de jubilación frente a la legal y el empleo de los mayores. Y cuenta la transferencia del Estado. Son las variables que mueven la proporción entre quien cotiza y quien cobra. La pirámide de población no se mueve.
2 · Vivienda
Desde 2021 se terminan menos viviendas que hogares se forman. En 2025 se terminaron unas 88.000, según los certificados de fin de obra (92.000 según el Banco de España), y se formaron en torno a doscientos cuarenta mil hogares. El Banco de España cifra el déficit acumulado entre 2021 y 2025 en unas 750.000 viviendas.6 La demanda se concentra en las áreas metropolitanas y el litoral. Es el mecanismo del capítulo 6.4, sobre vivienda. Todo lo demás (turismo, fondos, tipos, topes) empuja el precio sobre esa base. En el segundo trimestre de 2026 una vivienda media costaba 8,4 años de renta bruta de un hogar mediano.7
Deciden primero los ayuntamientos y las comunidades, que califican el suelo, aprueban los planes y declaran las zonas tensionadas. Después pesa el Estado, con la ley de vivienda de 2023 y los impuestos. Tiene también una empresa estatal de vivienda que desde 2025 sustituye a la antigua entidad de suelo. El precio del crédito lo condiciona el Banco Central Europeo.
Quienes ponen el problema en la oferta piden suelo y licencias en meses y no en años. Piden también industrialización y un parque público de alquiler, que no se construye en una legislatura. Quienes lo ponen en la urgencia responden que esa oferta no llega a tiempo a quien hoy no puede pagar. Piden topes, control del uso turístico y ayudas directas mientras tanto. Se discute si los topes de alquiler reducen a medio plazo la oferta de alquiler o estabilizan los precios.
Lo primero que hay que vigilar no tiene fecha: si algún nivel de gobierno escribe en una ley una cifra de viviendas y un año. Después vienen los visados de obra nueva y la relación entre precio y renta. Y cuenta el peso de la vivienda social, del 2% del parque frente al 8% de la media europea. Hay además un experimento en marcha. Es lo que pase con los alquileres en las zonas tensionadas, que han declarado cinco comunidades.
3 · Financiación autonómica
La fórmula que reparte el dinero de las comunidades es de 2009 y su primera evaluación, con referencia a 2013, no se hizo. Se sigue aplicando, porque cualquier reparto nuevo produce perdedores con nombre (capítulo 3.2, sobre financiación autonómica). Esos doce años desde 2014 sin evaluación son la cifra del debate.
Encima hay dos capas nuevas. La primera es la condonación parcial de la deuda autonómica en manos del Estado, de más de 83.000 millones. Entró en el acuerdo de investidura de 2023. En 2025 se extendió a las quince comunidades de régimen común, todas menos el País Vasco y Navarra. El proyecto de ley de esa condonación caducó con la disolución de las Cortes el 6 de octubre de 2026.8
La segunda es un acuerdo bilateral con Cataluña, de julio de 2025, para una financiación llamada singular. Con él, la hacienda catalana asumiría poco a poco la gestión del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). Haría falta antes una reforma legal, y no hay fecha. El pacto de investidura catalán de 2024 que le dio nombre pedía más. Pedía recaudar todos los impuestos y aportar a la nivelación con un criterio de ordinalidad.
La nivelación es el dinero que aportan al fondo común las comunidades que más recaudan por habitante. Sirve para que las demás puedan prestar servicios parecidos. La ordinalidad es la regla de que, después de ese reparto, ninguna quede con menos recursos por habitante que otra que recaudaba menos que ella.
En 2026 hubo un intento de sustituir la fórmula. El Consejo de Política Fiscal y Financiera es el foro en el que el Gobierno y las comunidades negocian la financiación. El 4 de septiembre aprobó la propuesta del Gobierno con el voto de Cataluña y Canarias. Las demás comunidades de régimen común presentes la rechazaron, y Madrid no fue.
La propuesta sube la parte cedida del IRPF y del impuesto sobre el valor añadido (IVA). Pone en torno a veintiún mil millones más sobre la mesa en 2027. Promete que ninguna comunidad reciba menos que antes: evita los perdedores con dinero del Estado. Deja fuera la cesión del IRPF catalán. Para regir necesita reformar dos leyes: la orgánica de financiación de las comunidades y la ordinaria del sistema, la de 2009. El Gobierno no llegó a enviar el proyecto antes de la disolución de las Cortes. Lo votará, si llega, el Congreso elegido el 29 de noviembre.
La decisión es de las Cortes. El Consejo de Política Fiscal y Financiera es el foro multilateral. Pero las comunidades con más peso político han negociado a menudo mejoras directamente con el Gobierno. El régimen foral, el del País Vasco y Navarra, que recaudan sus propios impuestos, no aporta al fondo común. Una de las críticas técnicas al cupo vasco gira en torno a eso.
Los partidarios de un sistema multilateral lo quieren igual para todos, con la ordinalidad escrita en la ley y sin singularidades. Los de la vía bilateral sostienen que sin reconocer la singularidad catalana no habrá acuerdo. Señalan que ya ha pasado antes. Una mejora se negocia con una comunidad y se generaliza después.
Antes que el contenido cuenta el trámite parlamentario: si llega un texto a las nuevas Cortes y con qué mayoría. Después hay que ver si la ordinalidad queda escrita y si la singularidad se generaliza. La última pregunta es si el sistema nuevo trae una revisión con fecha. Así se evitaría llegar a 2040 con otro sistema sin revisar.
4 · Productividad
El PIB por habitante de España llegó en 2025 al 92% de la media europea. Es un punto más que el año anterior. En 2007 estaba por encima de esa media.9 De esa cifra importa sobre todo lo despacio que se mueve.
Detrás está la distancia con Europa que midió el capítulo 6.1, sobre de qué vive España. Se produce por hora un 14% menos que la media europea, en euros y con datos de 2025. Trabaja menos gente, con una tasa de empleo del 72% frente al 76% de la media de la Unión en 2025. Y se trabaja en empresas más pequeñas. Tres de cada diez trabajadores están en empresas de menos de diez, el 31,4% en 2024.10
El crecimiento de los últimos años ha venido sobre todo de poner a más gente a trabajar. Ha venido menos de producir más en cada hora. De la productividad depende, a la larga, cuánto puede subir el sueldo del hijo de la apertura.
Deciden muchos, y ninguno del todo. La Unión pone el mercado único y unos fondos de recuperación. De ellos España había cobrado 78.000 millones hasta agosto, el 76,5% de un plan de unos 102.000. El 30 de septiembre pidió el último pago, de 25.861 millones brutos, y la Comisión tiene hasta el 31 de diciembre de 2026 para hacerlo (capítulo 3.4, sobre la Unión Europea).11 El Estado tiene la ley laboral, la educación básica y los umbrales de plantilla y de facturación. Según quienes los critican, encarecen crecer (capítulo 6.3, sobre empresas y autónomos). Esos umbrales son el tamaño a partir del cual una empresa paga más o tiene más obligaciones. Las comunidades llevan la formación profesional, las universidades y el suelo industrial. Y si se invierte o no lo deciden las empresas.
El diagnóstico de esa distancia se parte en dos. Uno culpa al Estado. La regulación, los umbrales y la lentitud judicial y fiscal frenan a las empresas, y quitar esos obstáculos bastaría. El otro mira dentro de las empresas, que ponen menos de la mitad del dinero de la investigación española (el 47,7% en 2024). Pide además política industrial, sin la cual no ve convergencia.
El indicador que hay que seguir es el PIB por habitante frente a la media, y no el crecimiento total. Lo acompañan la tasa de empleo y la parte del empleo en empresas de más de cincuenta trabajadores. Y lo acompaña lo que se haya gastado de los fondos europeos al cerrar 2026, y en qué.
Y hay un factor que España no tenía en 2007. Más de la mitad de la electricidad generada en 2025 fue de origen renovable. A mediodía de un día de sol su precio puede caer a cero (capítulo 6.5, sobre energía y agua). Queda por ver si eso atrae industria.
5 · Agua y clima
El clima tiene dos mitades que no se discuten igual. La europea, la de reducir emisiones, tiene cifra, año y consecuencia. El objetivo que el reglamento europeo impone a España es el 37,7% menos en 2030 que en 2005 en transporte, edificios, campo y residuos (capítulo 9.4, sobre clima). Y desde 2028 un segundo mercado de emisiones cobra por la gasolina y la calefacción.
El calendario nuclear lo pactaron en 2019 las empresas propietarias, en un protocolo con la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa).12 Ya se ha movido una vez. La prórroga de Almaraz llevó el primer cierre de noviembre de 2027 a junio de 2030. El Gobierno la presentó como una extensión que no altera el cierre del parque en 2035.
La mitad española es la de adaptarse a lo que ya no se puede evitar: el agua, el calor, el fuego y la costa. No tiene cifra ni presupuesto propios, porque Europa y la ley española solo obligan a planificarla.13 Su número es el del capítulo 6.5, sobre energía y agua. El regadío usa entre el 65% y el 80% del agua, según la medida: el 80% sobre el agua que registra el Instituto Nacional de Estadística (INE), y en torno al 65% sobre los recursos hídricos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, usó un 11% menos entre 2004 y 2009, sobre todo por la modernización del riego.
Los objetivos y el precio del carbono los pone la Unión. El territorio lo gestionan otros. El Estado lleva las cuencas que cruzan comunidades, la costa y las autorizaciones nucleares. Las comunidades llevan el regadío, los bosques y la ordenación del territorio. Los ayuntamientos llevan el urbanismo y las zonas de bajas emisiones. Es la versión climática de la regla que enseña el capítulo «Un ejemplo: ¿De quién depende?», en la introducción. Quien fija el objetivo no gestiona el territorio.
Quienes defienden el ritmo europeo sostienen que es el correcto y que el regadío tiene que reducirse a lo que haya. Sus críticos responden que el segundo mercado de emisiones es un impuesto sobre el campo y sobre las rentas bajas. Creen que la nuclear debe prorrogarse y que el regadío se moderniza, no se recorta.
La primera fecha es 2027. Ese año se revisan los planes de cada cuenca hidrográfica, que fijan las dotaciones de agua. Después vienen la decisión sobre los reactores siguientes y lo que suba la gasolina del hijo de la apertura cuando el nuevo mercado empiece a cobrar.
Queda en el aire la prohibición de vender coches nuevos de combustión desde 2035, que la Comisión propuso suavizar en diciembre de 2025. Sin fecha, hay dos datos que mirar. Uno es cuánta agua usa el regadío cuando se revisen los planes. El otro es si el plan de adaptación recibe alguna vez una partida con su nombre.
6 · Inmigración
Lo que está en juego es una política migratoria que, según el capítulo 9.3, sobre fronteras, no nació de un plan de conjunto. El fondo es demográfico (capítulo 6.6, sobre demografía). Desde 2017 mueren en España más personas de las que nacen. Los nacidos fuera son ya diez millones, uno de cada cinco residentes. En 2025 explicaron todo el aumento de la población, de 468.079 personas.14 El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó unas proyecciones en junio de 2026. Dan 53 millones de habitantes en 2076, unos 3,4 millones más que en 2026. Todo el aumento vendría por esa vía.15
Ese saldo migratorio es también un supuesto de otros debates. Con un tercio menos de inmigración de fuera de la Unión que la prevista, el gasto en pensiones de España sería en 2070 unos 1,4 puntos del PIB mayor. Quien llega cotiza años antes de cobrar. Con un tercio más, el gasto sería en torno a un punto menor.16 Y más población son más hogares: la misma entrada que alivia las pensiones aprieta la vivienda.
El país funciona así. Se entra sobre todo por familia, y también como turista o estudiante, y a buena parte de quienes se quedan sin permiso se les regulariza después. La vía de siempre es el arraigo. Es el permiso que puede pedir sin salir de España quien lleva dos años en situación irregular y acredita un contrato, familia o formación.
En 2026 se sumó, por real decreto de abril, una regularización extraordinaria. Nació de una iniciativa legislativa popular de 2024 y dio al debate el número que le faltaba. Hubo más de 1,17 millones de solicitudes, más del doble de los 500.000 beneficiarios que había estimado el Gobierno. A 30 de septiembre, 421.306 regularizados estaban ya de alta en la Seguridad Social.17
Esa cifra de solicitudes mide la irregularidad, aunque no con exactitud. Una de cada cinco solicitudes era de personas que habían pedido protección internacional, como el asilo. Esas personas residen legalmente mientras se estudia su caso. Quedan unas 935.000 por arraigo, algo más que las 840.000 personas en situación irregular que se estimaban a comienzos de 2025.18 Cuántas lo eran de verdad se sabrá cuando se resuelvan. El debate de la década es si sustituir el modelo por uno de entrada legal decidida antes.
Quien admite no es quien integra. La Unión decide sobre las fronteras exteriores y el asilo. Desde junio de 2026 aplica un pacto de migración y asilo. Con él, cada país puede acoger a solicitantes de los países de primera entrada o pagar por no hacerlo. El Estado decide los permisos, el arraigo y la nacionalidad. La integración la prestan las comunidades, con la escuela, la sanidad y los menores que llegan solos. También los ayuntamientos, con el padrón, que es la puerta de todo lo demás.
Unos ven en la demografía y en el mercado de trabajo la razón para abrir más entrada legal. La quieren más rápida y con integración pagada. Para ellos la irregularidad es el coste de no haberla organizado. Otros quieren que la entrada se decida por lo que el país puede integrar y no por lo que la economía absorbe. Sostienen que los servicios públicos de los barrios que reciben no han crecido con la población, y que la regularización repetida es un incentivo.
La primera señal será cuántas de esas solicitudes acaban en autorización y en alta en la Seguridad Social. Eso es lo que convierte un expediente en un cotizante. Después vienen el primer año del pacto europeo, los expedientes de asilo pendientes y el reparto de menores entre comunidades. Y hay dos datos lentos que miden la integración. Son la tasa de empleo de los hijos de inmigrantes y su resultado escolar.
7 · Gobierno judicial y calidad democrática
Los órganos que controlan al poder desde la cúspide del Estado los nombra, directa o indirectamente, el mismo poder que deben controlar. El resultado ha sido reparto cuando hay acuerdo y bloqueo cuando no. Es el mecanismo de los capítulos 2.8, sobre los contrapesos, y 5.2, sobre el gobierno de los jueces. Su caso más visible es el Consejo General del Poder Judicial.
El Consejo se renovó en 2024 tras más de cinco años en funciones. Recibió el encargo de proponer un sistema de elección de sus vocales judiciales con participación directa de los jueces. Una recomendación no vinculante del Consejo de Europa pide que al menos la mitad de un consejo judicial sean jueces elegidos por jueces.19 En España eso supone al menos once de los doce vocales judiciales.
La propuesta del Consejo sobre la elección de los vocales, aprobada por unanimidad, no eligió un modelo.20 Trajo dos, que se distinguen sobre todo por el papel que dan a las Cortes. El intento más reciente de cambiar la ley, para que los jueces eligieran a los doce, no pasó del primer trámite. Cayó en la toma en consideración, el 10 de septiembre de 2026.
Elegir a los veinte vocales pide tres quintos de cada cámara, es decir, que los dos partidos grandes se pongan de acuerdo. Se ha conseguido en cada renovación, aunque a veces tarde. Cambiar el método pide menos: una ley orgánica, que se aprueba con la mayoría absoluta del Congreso (artículo 81 de la Constitución). El reloj es el mandato del Consejo, que acaba en 2029. Marca el plazo para decidir si la siguiente renovación se hace con el mismo método que produjo el bloqueo.
Parece el debate más lejano para la familia de la apertura, y le llega por el Supremo. El Consejo nombra a los magistrados del Supremo. Y la doctrina del Supremo la siguen los juzgados que resolverán sus pleitos.
Para unos, la legitimidad del Consejo viene de que lo elijan las Cortes, y el problema es el bloqueo. Con acuerdo, cada renovación ha salido. Para otros, la independencia exige que los jueces elijan a los jueces. La elección parlamentaria, sostienen, produce cuotas por diseño.
Alrededor del Consejo hay otros asuntos que siguen en espera de una decisión:
- la ley electoral de 1977, del capítulo 1.4, sobre votos y escaños;
- la autoridad de defensa del cliente financiero del capítulo 8.1, sobre consumo y banca, cuyo proyecto decayó en 2023 y, vuelto a presentar, volvió a caducar con la disolución de octubre de 2026;
- la agencia de evaluación de políticas que una ley de 2022 previó y que no se constituyó hasta 2026;
- la estructura del Gobierno, que cada presidente rehace por decreto, con un coste de meses de rodaje administrativo que ningún decreto cuantifica, como cuenta el capítulo 2.5, sobre el Gobierno.
El registro de grupos de interés pareció salir de esa lista en 2026, por decreto-ley. Volvió a ella cuando el Congreso lo derogó en septiembre (capítulo 1.6, sobre la participación no electoral).21
Desde fuera, al Consejo lo vigilan dos informes. Uno es el anual de la Comisión Europea sobre el Estado de derecho. Desde 2022 recomienda renovar el Consejo y adaptar la elección de sus vocales a los estándares europeos.22 El otro son las evaluaciones del Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO), del Consejo de Europa.
8 · Digitalización e inteligencia artificial
Lo que está en juego es a quién se le exige transparencia, que fue la conclusión del capítulo 8.3, sobre datos y plataformas. Europa ha decidido ya el marco (protección de datos, plataformas, inteligencia artificial), y España lo aplica con dos autoridades. La de protección de datos es la que más multas ha acumulado en la Unión, en número. Pero todo lo que ha impuesto desde 2018 es, según el recuento de la firma CMS, en torno al 2,5% de lo sancionado en Europa. La agencia de supervisión de la inteligencia artificial se creó en 2023. No podrá sancionar hasta que se apruebe la ley que reparte la vigilancia. Su proyecto estaba en el Congreso desde junio de 2026 y caducó con la disolución de las Cortes.
A la vez, la Administración usa algoritmos que deciden o pesan en decisiones sobre personas. Deciden quién recibe el bono social, qué protección merece una víctima de violencia de género o qué permisos obtiene un preso. Varios de esos algoritmos no se han hecho públicos. Si la mujer de la apertura pide al jubilarse el bono social de la luz, un programa decide si tiene derecho. El Supremo no ordenó entregar su código hasta septiembre de 2025, tras siete años de pleito.
La fecha es diciembre de 2027. Entonces llegan, aplazadas, las obligaciones del reglamento europeo para los sistemas de alto riesgo que deciden sobre personas: registro, supervisión humana y documentación. El reglamento de reforma prohíbe además, desde el 2 de diciembre de 2026, las imágenes íntimas generadas sin consentimiento y el material de abuso sexual infantil.23 Las reglas y sus plazos los decide la Unión. El Estado decide quién las hace cumplir y cómo usa los algoritmos su propia Administración. Las comunidades deciden qué sistemas compran para la sanidad y la escuela.
Los críticos del reglamento sostienen que Europa ha regulado antes de tener industria y que la norma retrasa el uso de estas herramientas. Para ellos, la productividad depende de que las empresas las usen sin trabas. Sus defensores responden que las reglas son la única ventaja europea. Reprochan además al Estado que exija a las plataformas la transparencia que él no practica. Un algoritmo público sin código publicado es una norma sin BOE (Boletín Oficial del Estado).
Habrá que ver si el calendario aplazado se cumple esta vez. Luego vendrán las primeras actuaciones de la agencia. Y vendrá la ley de protección de menores en entornos digitales, cuyo proyecto caducó con la disolución de las Cortes. Queda también la ley que obligaría al sector público estatal a registrar y publicar los sistemas que usa. La Generalitat Valenciana tiene desde 2025 un registro piloto así.24 Se lo manda su ley de transparencia de 2022.
9 · Fiscalidad y gasto
Varias presiones coinciden sobre las cuentas públicas. La deuda estaba en el 99,9% del PIB en julio de 2026. Los intereses se llevaron en 2025 uno de cada veinte euros de gasto (capítulo 4.3, sobre deuda y reglas fiscales). El gasto en pensiones subirá hasta cuatro puntos del PIB en 2050. El de defensa tiene como objetivo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el 5% del PIB en 2035, desde el 2% de 2025 (capítulo 9.1, sobre defensa).25 El envejecimiento presiona además sobre la dependencia y la sanidad.
Desde 2024, los límites europeos del 3% de déficit y el 60% de deuda se vigilan con una senda de gasto neto. Es el gasto sin intereses y descontadas las subidas de impuestos. España presentó la suya y el Consejo de la Unión la aprobó en enero de 2025 hasta 2028, con un ajuste que se alarga hasta 2031.26 En su primer año la rebasó: según la Comisión Europea, el gasto neto creció un 4,8%, frente al 3,7% aprobado; el Gobierno computa un 4,5%. Esa senda limita el gasto del presupuesto. Y el presupuesto se ha prorrogado en ocho de los diecisiete ejercicios desde 2010; el de 2027 empezará también prorrogado, con las cuentas de 2023.27
La senda la vigila la Unión. El precio de renovar la deuda lo pone el mercado, que depende del respaldo del Banco Central Europeo. Los impuestos se reparten entre tres niveles, y la familia de la apertura paga a los tres. El Estado decide los suyos y el presupuesto. Las comunidades fijan su tramo del IRPF y los impuestos de sucesiones, donde compiten entre sí. Y el ayuntamiento cobra el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI) de su casa.
Para quienes ven el problema en el gasto, se puede gastar mejor sin gastar más. Subir impuestos a un país con uno de los paros más altos de la Unión, dicen, destruye lo que quiere financiar. Para quienes lo ven en los ingresos, España recauda menos que la media de la Unión. Buena parte de la diferencia está en lo que se deja sin gravar. El Estado del bienestar prometido, sostienen, no cabe en una presión fiscal del 37% del PIB en 2024, tres puntos por debajo de la media europea. La alternativa, añaden, es recortar lo que nadie quiere recortar.
Debajo de las dos posturas está el precio de compartir moneda sin compartir Tesoro, que el capítulo 4.3, sobre deuda, dejó abierto. Sin un presupuesto europeo que absorba las crisis, cada país necesita margen propio. Y el margen se compra con menos deuda en los años buenos.
Cada primavera, la Comisión dice si se cumple la senda. Cada 1 de enero se sabe si hay presupuesto nuevo o prorrogado (capítulo 4.2, sobre el gasto público). La factura de intereses seguirá subiendo a medida que venza la deuda emitida a tipos bajos. Y de los ingresos importa la composición. Una subida que venga toda de cotizaciones carga sobre el empleo. Allí la cuña fiscal del salario medio ya es la décima más alta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según el capítulo 4.1, sobre los ingresos del Estado.
10 · Encaje territorial
Lo que está en juego es lo que el capítulo 3.5, sobre nación y lenguas, llamó la pregunta de fondo: quién tiene derecho a decidir. La Constitución responde que el conjunto de los españoles, y una parte del país no lo acepta.
La década empieza con el conflicto sin resolver y con menos apoyo a la independencia que en 2017. El apoyo en Cataluña estuvo entre el 38% y el 45% en las encuestas del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat de 2025 y 2026. En octubre de 2017 era del 48,7%. Hay una ley de amnistía de 2024 avalada por el Constitucional en 2025 y una negociación bilateral sobre financiación.28 El nuevo estatuto vasco que discuten los partidos sigue sin acuerdo. Lo que mide el debate es el apoyo a la independencia, y sobre todo si se mantiene.
Decide el Estado, por las Cortes y por el Constitucional. Deciden también los partidos de las comunidades, con su capacidad de bloquear o de sostener mayorías en Madrid. El Gobierno ya los necesitó en 1993 para gobernar (capítulo 1.4, sobre el voto). La fragmentación desde 2015 ha multiplicado esa dependencia.
El capítulo 3.5, sobre la nación, hace el balance para las dos partes. Una secesión, negociada o no, abriría años de incertidumbre sobre deuda, pensiones, fronteras y mercado, para el territorio y para el resto de España. El argumento independentista tiene tres partes que ese capítulo documenta:
- el sistema de financiación no respeta la ordinalidad, y la balanza fiscal de Cataluña sale negativa con los dos métodos;
- la sentencia de 2010 sobre el Estatuto la dictó un tribunal con la renovación bloqueada y después del referéndum;
- el Estado, según este argumento, tardó quince años, hasta el acuerdo bilateral de julio de 2025, en hacer una oferta de encaje distinta de la que ya existía.
El capítulo 3.5 recoge también la réplica a cada una.
Una lectura pone el encaje en la financiación singular y en el reconocimiento. Avisa de que sin ellos el conflicto vuelve. La contraria responde que cualquier singularidad que no sea para todos rompe la igualdad. Añade que el reconocimiento simbólico nunca es solo simbólico.
A corto plazo, el encaje se juega en la financiación singular: si se escribe, se generaliza o se cae. El termómetro que importa es el apoyo a la independencia en las encuestas del CEO. La única fecha son las elecciones catalanas y vascas de 2028.
Queda la vía que nunca se ha usado. Es la reforma por el procedimiento agravado del artículo 168 (capítulo 1.1, sobre la Constitución), que termina en un referéndum de todos los españoles. Es la única vía legal para cambiar esa respuesta sobre quién decide.